Yo viví en un régimen socialista-comunista y puedo decir que Andrew Gillum no es socialista

No necesito que el candidato a la gobernación, Ron DeSantis, ni sus seguidores del Partido Republicano, me definan lo qué es un socialista o qué implica y cómo suena la “ideología de extrema izquierda”.

No nací dentro de una narrativa política arreglada para Miami, como lo hicieron el senador republicano Marco Rubio y la compañera de fórmula electoral de DeSantis, Jeanette Núñez, en la década de los setenta.

Yo viví bajo un régimen socialista-comunista en Cuba durante los primeros 10 años de mi vida; hui bajo una tremenda coacción y sufrí las enormes pérdidas del exilio. Y como periodista, he pasado las últimas cuatro décadas informando sobre asuntos cubanos, cubanoamericanos y latinoamericanos, y ninguno de mis artículos ha halagado a las dictaduras jamás.

No se me puede engañar o seducir con una retórica incendiaria que iguala el voto por un candidato demócrata a un acto contra “nuestras libertades”, como lo promovieron DeSantis, Rubio y Núñez el 10 de septiembre en un evento de campaña en el Museo y Biblioteca de Bahía de Cochinos en La Pequeña Habana.

Solo un tipo rudimentario —o un candidato que se postula para un cargo político en Florida comerciando, con fines políticos, con el dolor de un pueblo— tildaría a su oponente demócrata, Andrew Gillum, de socialista o diría que el alcalde de Tallahassee defiende una ideología de “extrema izquierda anticapitalista”. O que está planeando convertir a la Florida en otra Venezuela.

Ridículo.

A pesar de lo repugnante que se ha tornado el país y el estado indeciso de la Florida con la elección de Donald Trump, el ascenso del Tea Party y el movimiento Alt-Right, Estados Unidos sigue siendo una democracia constitucional. Y la plataforma de Gillum encaja con el discurso bipartidista y con el espectro de la política estadounidense, que es bastante diferente a la de otros países del hemisferio.

Así que dejen de comparar las elecciones estadounidenses con las de Venezuela, Nicaragua o las falsas, unipartidistas de Cuba.

A lo largo de su campaña, he escuchado a Gillum defender asuntos progresivos pero bastante prevalecientes: aumentar el salario mínimo; ampliar Medicaid para asegurar que haya atención médica para todos, no solo para aquellos que pueden pagar su costo prohibitivo; aumentar la disponibilidad de viviendas asequibles. Un “sistema de educación pública de calidad, sostenible, donde les pagamos a nuestros maestros lo que valen”; priorizar el agua potable por encima de los lucros corporativos de los contaminadores, y atender el desastre ambiental que azota las vías navegables de la Florida como resultado de las “políticas ruinosas” de los últimos ocho años de carencia de regulación y de negligencia republicana.

No se puede ser más “americano clásico” que esto.

No conozco a un solo votante que no quiera/necesite ganar más dinero para hacerle frente a los crecientes costos de todo, especialmente de la vivienda. O a cualquiera que quiera llegar a la bancarrota por enfermedad. O que no sepa que los maestros, la fuerza más influyente en nuestros hijos fuera del hogar, están sobrecargados de trabajo y mal pagados. No conozco a nadie que quiera beber agua sucia o bañarse en océanos contaminados y malolientes.

He escuchado con mucho cuidado todo lo que Gillum ha dicho, y todavía no he podido hallar al llamado socialista —o como el presidente Trump lo caracterizó, “un socialista fallido”— para darle al superficial de DeSantis, uno de sus facilitadores en el Congreso, un empujón.

Gillum ha rechazado la etiqueta socialista, aunque esto no ha calmado a los fanáticos del GOP que quieren verlo perder las elecciones (esa es la meta, el método para ellos no importa). Pero espero que los republicanos independientes y moderados vean a DeSantis por lo que es: un hombre que lanza una campaña contra un oponente afroamericano usando un lenguaje de mensajes velados y etiquetas McCartistas. Esa es la herramienta de un candidato que no es muy elocuente en cuanto a temas políticos. Podría hacerle el mismo daño a la Florida que Trump le haya hecho a la nación.

Los republicanos harían bien en vigilar a su propio candidato, que apoya y es apoyado por un presidente que ostenta algunas características de hombre fuerte tercermundista cuando ataca valores y libertades estadounidenses básicas tales como una prensa independiente y el derecho a protestar, y presiona al Departamento de Justicia y al FBI para procesar a sus opositores políticos.

Solo hay un lugar donde he vivido antes bajo ese tipo de liderazgo: Cuba. Y todos estamos viendo situaciones similares también en Venezuela y en Nicaragua.

Andrew Gillum no es socialista.

Escuchar a DeSantis y a sus partidarios calificarlo como tal no solo es una mentira, sino un insulto para personas como yo que padecieron el socialismo real, no aquél de la imaginación de la extrema derecha (alt-right) estadounidense.

 

Fuente: El Nuevo Herald

Deja una respuesta

*