Trump reclama a su fiscal general el cierre inmediato de la investigación de la trama rusa

El presidente estadounidense, Donald Trump, elevó este miércoles todavía más el tono contra la investigación de la trama rusa y reclamó el cierre inmediato de las pesquisas. “Es una situación terrible y el fiscal general Jeff Sessions debería frenar ahora mismo esta caza de brujas amañada antes de que continúe manchado más a nuestro país”, escribió el republicano en Twitter. Su embestida llega al día siguiente de que empezara el primer juicio relacionado con la investigación rusa: Paul Manafort, exjefe de campaña de Trump, está acusado de fraude fiscal y bancario por sus negocios políticos en Ucrania.

Es del todo inusual que un mandatario se entrometa públicamente en investigaciones delictivas en curso, pero Trump lleva meses atacando ferozmente a Robert Mueller, el fiscal especial que explora si hubo algún tipo de coordinación entre su campaña y la sofisticada injerencia rusa en la campaña electoral de 2016 que buscaba ayudar al republicano a ser presidente. Trump también ha humillado en público a Sessions y ha llegado a decir que se arrepiente de haberle designado como jefe del Departamento de Justicia. La sombra rusa sigue acechando al presidente, que no puede controlar su descomunal frustración y malestar.

Sin embargo, teóricamente y según el consenso legal, Sessions no puede despedir a Mueller. Todo lo que puede hacer es echar a su número dos, Rod Rosenstein, que fue quien designó al fiscal especial. Pero no ha dado ninguna muestra de estar dispuesto a hacerlo. Al margen de la mayúscula crisis política que desataría con tal decisión, que se interpretaría como una evidente politización. Más bien, se ha mostrado desafiante ante las amenazas de Trump.

Inicialmente, la investigación sobre la interferencia de Moscú estaba en manos del FBI y era supervisada por Sessions dado que la agencia policial depende del Departamento de Justicia. Pero en marzo del año pasado, el fiscal general anunció que se eximía de las pesquisas tras haber ocultado información al Senado sobre sus contactos con el exembajador ruso en Washington. La supervisión pasó a manos de Rosenstein, el fiscal general adjunto que pronto se convertiría en blanco de la ira de Trump.

En mayo de 2017 Trump despidió a James Comey como director del FBI, entre otros motivos, como él mismo reconoció, por la investigación rusa. Entonces Rosenstein consideró que era necesario designar a una figura independiente para liderar las pesquisas y evitar cualquier suspicacia de intromisión gubernamental. Y sin consultar a la Casa Blanca, nombró a Mueller, un reputado exdirector del FBI y con larga experiencia jurídica.

Apenas hay un día en que Trump no trate de desacreditar a Mueller y a su equipo de investigadores, que considera tienen inclinaciones demócratas. El presidente acusó este miércoles al fiscal especial de ser una persona conflictiva y a su equipo de hacer un “trabajo sucio que es una desgracia para EE UU”.

En sus 13 meses de investigación, Mueller ha presentado cargos contra 32 personas, incluidos exasesores de Trump y 25 de ellas rusas, y tres empresas. Ha dado por probada la injerencia de Moscú en la campaña electoral, pero por ahora no hay indicios de coordinación con el equipo de Trump. El republicano se agarra a esa realidad para presentarse como una víctima de una cruzada injusta. “Es un timo total la colusión rusa con la campaña de Trump”, reiteró.

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Fuente: El País

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