Silencios ensordecedores.

Desde el sur de 

América del sur

Gerardo Lozada Rojas.

Periodista & Escritor

Desde la escogencia del Papa Bergoglio, en lo particular esperé reformas en la iglesia católica como de hecho se iniciaron, temas complejos como la lucha contra la pedofilia, abusos y algo que me pareció excelente, la transparencia de las finanzas del Banco del Vaticano. Ahora bien, antes de continuar. Soy católico, pero ¿Por qué soy católico? Pareciera sencillo, pero no lo es, obviamente soy bautizado y creyente firme del principio del término «católico», el cual es «Universal», palabra que viene del griego Katholicos que significa «De acuerdo con el todo».

Ser católico no es una condición, un estatus o un aspecto étnico cultural, es un estilo de vida basado en la persona de Cristo. Ósea se vive y se cree en Jesucristo en la fe que profeso la misma que recibimos en el bautismo, que profesaron los apóstoles y que se ha venido transmitiendo de siglo en siglo.

Estoy claro que los discípulos de Cristo somos todos, pero usted Papa Don Francisco, es el máximo representante de Cristo y de nuestro Dios en la tierra y es perturbador ver su consecuente silencio, ante el genocidio sostenido que sufre nuestra Venezuela. Se ha pronunciado la humanidad entera, país por país organismo por organismo e institución por institución y siendo este el momento propicio, para que usted asuma esa postura digna de la doctrina de Cristo, al lado de los pobres y sufridos que no somos otros que el pueblo venezolano. 

Al contrario de esto, semanas atrás la humanidad, pudo ver como solicitaba que se disminuyeran las sanciones contra el régimen. Ha sido valiente la posición de la Conferencia Episcopal de Venezuela, más valiente aún los cientos de casos de sacerdotes que han asumido el rol de líderes de la fe y también sociales, pero el pronunciamiento del máximo líder de la iglesia de Cristo es fundamental en esta hora.

“Hay tiranos que torturan y asesinan, hay pueblos que sufren y lloran sangre, hay discursos y acciones que liberan, pero también hay silencios que son cómplices y ensordecedores”.

Santiago de Chile, septiembre de 2020.

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