PP y Vox en sus cierres de campaña, el «corazón partío» del barrio de Salamanca

Poco más de kilómetro y medio separan en línea recta el Wizink Center y la plaza de Colón por la calle de Goya. La exclusiva avenida, una de las arterias principales del madrileño barrio de Salamanca, vertebra esta tarde noche el principal caladero de votos de la derecha española. A un lado, en el antiguo Palacio de los Deportes, el cierre de campaña del PP de Pablo Casado; al otro, bajo la bandera de España más grande de la geografía nacional, el acto final de Vox, con Santiago Abascal a la cabeza. Dos ubicaciones que representan el «corazón partío» de un mismo distrito ante las elecciones del 28-A.

El escenario elegido por ambos partidos no es casual. Los resultados de los últimos comicios, tanto en 2015 como en 2016, revelan que no hay otra zona en la capital donde la derecha obtenga más votos, incluso cuando Vox estaba instalado en la irrelevancia política. Solo unas horas antes de que el azul y el verde inunden las calles del barrio por los dos mítines, la mayoría de los vecinos ya tiene claro su voto. En algunos casos, reconocen, la personalísima pregunta se presenta como ese imposible de a quién quieres más, si a mamá o a papá. «Soy uno de esos indecisos que dicen las encuestas, pero tengo claro que será PP o Vox sin ninguna duda», confesaba un joven a ABC.

No ha sido complicado ahondar en la intención de voto de los residentes de este exclusivo barrio de la capital, siempre con el recelo de revelar su identidad. En esta especie de encuesta a pie de calle, los apoyos a PP y Vox se llevan la palma, con un seguimiento menor a Ciudadanos –aunque relevante– y casi residual a PSOE y Podemos. «El tema de Cataluña para mí es definitivo, hace falta más firmeza de la que tuvo Rajoy», explicaba Lourdes, una vecina convencida por la formación de Abascal.

Que el barrio de Salamanca es predominantemente conservador no es ninguna sorpresa. Los datos de los comicios de junio de 2016 son una prueba más, como también lo son los de diciembre de 2015. La diferencia entre ambas citas –las únicas con los dos partidos hasta la fecha– es que los resultados de Vox fueron dispares, aunque ambos muy bajos. Si en los primeros comicios obtuvo un total de 1.112 votos, seis meses después se quedó en 737. Con un 1,24 y un 0,84 por ciento, respectivamente, son el techo de Abascal en la ciudad en unas elecciones generales. La explicación, presumiblemente, es que muchos se decantaron de nuevo por Mariano Rajoy. «En las últimas voté al PP porque era eso o Podemos y PSOE, pero ahora prefiero Vox, aunque lo mejor es que se pongan de acuerdo», explicaba Javier, otro residente de la zona. Él, asegura, ya estuvo en febrero en la concentración de Colón, donde volverá horas después para el cierre de la campaña.

El gran feudo del PP

A pesar de la irrupción de un nuevo partido en la derecha, el peso y la influencia del PP sigue siendo mayoritario. «PP por supuesto, es lo que siempre he votado y creo que es lo más fiable frente a este señor que no sé ni cómo definirlo», relataba un vecino de la calle de Nárvaez, a unos pasos del lugar escogido por Casado para su último acto, en clara alusión a Pedro Sánchez. La experiencia de las últimas elecciones, así como las municipales y autonómicas, asegura que este y otros miles de votos están garantizados para los populares en su gran feudo.

No existe un solo barrio en Madrid donde cualquiera del resto de partidos, ya sea Ciudadanos, PSOE o Podemos, tenga tantos beneficios como aquí los populares. El PP obtuvo en 2016 el 56,9 por ciento de los votos en el distrito de Salamanca, con 49.908 papeletas. Solo Chamartín, con el que linda al norte, presenta mejores números en los precedentes. Rajoy sacó allí hace tres años el 57,14 por ciento de los electores, con 50.948 apoyos.

Sea como fuere en el pasado, lo cierto es que el horizonte plantea un reparto del voto jamás visto hasta la fecha. Un único espacio ideológico para dos partidos, ahora separados pero condenados a entenderse, habida cuenta de lo que aventuran las encuestas. Aunque la unión presagia una suma productiva, la experiencia en la capital también señala lo contrario e invita a la reflexión. En las municipales de 2015, en las que Manuela Carmena acabó como alcaldesa, los 9.843 apoyos que logró Javier Ortega Smith para Vox fueron definitivos para que Esperanza Aguirre no consiguiera un concejal más, precisamente el que le faltó para formar la mayoría absoluta con Begoña Villacís. El PP, con 21 ediles, se quedó entonces a 7.839 papeletas de gobernar en Cibeles. Una cuenta inesperada y desconocida para muchos que complica aún más la encrucijada para los votantes del barrio «más de derechas»: «¿En serio que pasó eso? Joder, pues entonces yo ya no sé…».

ABC.es

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