ONU e intervención humanitaria en Venezuela

La diplomacia surgida de la Primavera árabe reemplazó el principio westphaliano de equilibrio por una doctrina generalizada de “intervención humanitaria”, dada la imposibilidad de que las protestas masivas cambiaran regímenes despóticos en países árabes. Es en este contexto que se observan internacionalmente los conflictos internos, civiles, esto es, mediante prismas relaciones con preocupaciones democráticas, promoción de libertades y respeto de los derechos humanos al par del fomento de la actividad económica para mejorar el nivel de vida. Las potencias externas exigen que en estos casos los gobiernos dictatoriales hagan lo posible para negociar con sus oponentes auténticos para transferir el gobierno pacíficamente. Pero, como las tiranías buscan sobrevivir al considerarse iluminados sus dirigentes, como los únicos que pueden gobernar, sin pensar en la alternabilidad por su carácter fascista, antidemocrático, estos llamados caen en oídos sordos. Donde las partes tienen fuerzas dispares, donde se gobierna a la fuerza, se dice y repite “la revolución está armada”, como decía Chávez, cierto grado de intervención externa humanitaria, incluyendo la militar, se invoca para superar el impase.

Esta forma de intervención humanitaria entraña actuaciones distintas de la política exterior tradicional que alegaba el interés nacional, el equilibrio del poder, pero se aceptan por tener una dimensión moral, cual es, promover libertades, justicia y dignidad del ser humano. La susodicha intervención se justifica en sí, puesto que presumiblemente remueve condiciones consideradas inhumanas: pobreza extrema, carencia de medicinas, alimentos, mortalidad infantil inaceptable, violaciones consuetudinarias de los derechos humanos, inseguridad ciudadana, restricción creciente de libertades, el secuestro de la población por una claque armada, asesinatos, torturas, sin que existan contrapesos institucionales que establezcan equilibrios e impidan los exceso y abusos, más bien el sistema judicial se utiliza como instrumento represor de los disidentes del régimen, no es imparcial, no investiga la escandalosa corrupción, el robo de más de 300.000 millones de dólares, como tampoco a las bandas armadas gubernamentales que asesinan impunemente.

Un cambio de régimen mediante intervención humanitaria exige, casi por definición, un imperativo de reconstrucción posterior, que si fracasa se fragiliza el orden internacional y genera fuerzas desintegradoras, espacios donde no exista el imperio de la ley, como en Yemen, Somalia, Mali, Libia, etc., podrían concretarse en nuestro país.

El evidente colapso del Estado ha desembocado en un territorio donde cunde la criminalidad por incapacidad gubernamental para garantizar el orden y la seguridad de los ciudadanos, de sus bienes, creándose condiciones para que el país se convierta en una base para el narcotráfico, terrorismo, tráfico de armas, puesto que no hay una autoridad central que contrarreste tales actividades criminales. Mejor dicho, los imperativos estratégicos tradicionales no desaparecen, es más, toda esta desidia y deterioro institucional, nacional se acompaña de alientos oficiales para promover una pretendida revolución continental.

En todo caso, cuando se realiza una intervención humanitaria, es muy importante conocer quién reemplazará a los personeros del desgobierno, su cúpula opresora, apoyada por el ala semioficialista y la connivencia seudoopositora, hecho político que siempre hemos comentado, es decir, de la crisis no solo es responsable la dictadura sino también otras instituciones políticas, partidos, que, por otra parte, jamás piensan en prepararse, organizarse, para afrontar la dictadura, en realidad conviven con los que destrozan al país. Por eso, muchos se preguntan: ¿Qué se sabe de quienes tomarán el mando? ¿Acaso el resultado de la intervención humanitaria mejorará las condiciones democráticas, económicas, humanas, de seguridad?

Pienso que la intervención humanitaria, militar o estratégica, tiene como mínimo dos prerrequisitos: primero, es crítico lograr un consenso en cuanto a la gobernanza una vez reemplazado el statu quo represivo y empobrecedor. Si el objetivo es simplemente “tumbar” un dictador, sacar el ejército de ocupación cubano, una guerra civil podría estallar a causa del vacío creado, pues grupos armados podrían manifestar su descontento con la nueva situación y algunos países posiciones diferentes. Segundo, el objetivo político tiene que estar muy claro y viable durante un lapso prudencial, pues no se trata de salir de una tragedia humana para caer en otra.

Tal vez, el punto más neurálgico, el reto más difícil para el mundo democrático, para Naciones Unidas, es permanecer de “brazos cruzados” ante gobiernos que con manos libres, repletos de armas, masacran la ciudadanía, saquean el erario público, torturan, infringen la constitución y las leyes, imponen a la fuerza sus despropósitos, empobrecen la población. Al final, siempre vale la pena luchar por las libertades cuando permanecen sojuzgadas por regímenes dictatoriales. Si consultamos a Maquiavelo, aconsejaría restablecerlas por cualquier medio, mejor dicho, la pretendida inmoralidad que pudiese existir al apelar a ciertos medios cuestionables, inconstitucionales, quedaría compensada por la obligación moral que exige dedicación incansable para recuperar libertades.

Detenerse a meditar acerca de la conveniencia, moralidad de los medios, o constitucionalidad, implica estancamiento, irresponsabilidad, máxime cuando el adversario en el desgobierno no se detiene en consideraciones moralistas para consolidar por cualquier método sus propósitos antinacionales, antidemocráticos, atropellando a los venezolanos, que por ello migran. Quizá ya esto bulle en las cancillerías de muchos países que por ello han comenzado, en el marco de Naciones Unidas, con una exhortación para que Venezuela acepte ayuda humanitaria, pero si se agrava nuestra situación interna, como se prevé, y el desgobierno continúa hostigando, podría considerarse la intervención humanitaria.

Ahora, toca a Maduro evitar una tragedia, la gran mayoría del país no desea su mando por las consecuencias negativas mencionadas, no es verdad que fue elegido por mayoría, no llegó a 20%, a pesar del fraude; a causa de su incompetencia e intromisión cubana hemos desembocado en esta crisis agotadora y destruyente que se incubó desde Chávez, de quien no supo distanciarse tomando la vía democrática, reorganizar la institucionalidad democrática, erradicar la pobreza, la inseguridad, con administración de justicia idónea, insistió en ese modelo arcaico de marxismo trasnochado derivado en fascismo inveterado.

Pedro Conde Regardiz

psconderegardiz@gmail.com

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