Los cinco ceros

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 @MiguelBM29

La crisis que degrada a la familia venezolana sólo puede ser reducida activando patronatos políticos y sociales que precisen el cambio reclamado por todo el país y la realidad mundial cada día más recelosa y estricta contra las autocracias. Cuanto más se ata el gobierno (¡ique socialista!) a las reglas del pasado, en esa medida se suman nuevos conflictos a los existentes. El plan venido de Cuba sólo incita violencia y desaliento para descoyuntar el tejido social del país. El sectarismo instituido por entidades revolucionarias, socialistas o bajo cualquier apócrifo mote, que decide qué, cuándo y a quién sancionar suplantando leyes, instituciones y el trabajo productivo, tiene el firme designio de borrar el modelo democrático instituido a partir de 1958.

Los ceros y la producción
Versados analistas, locales venezolanos y extranjeros, han expuesto con detalles el efecto letal que tendría la consumación del nuevo cono monetario. No abunda reiterar que el hábitat de las economías productivas se refleja en el libre trabajo que ejecuta la gente y los bienes y servicios que produce. Basta revisar la era democrática antes de Chávez para verificar cómo Venezuela, en un lapso relativamente breve, pasó de la vida rural a la urbana y suburbana sin menoscabar la producción agrícola y pecuaria de nuestros campos. Todo lo contrario. Se originó un incremento sustancial en áreas de servicios como electricidad, acueductos, salud, comercio, etc. ¡Tecnología y más tecnología!; no tontadas como revolución del siglo XXI; mucho menos quitando ceros a la moneda.
Pérfida obcecación
Chávez llega al poder montado sobre enormes prejuicios, todos irracionales, como culpar al capitalismo, presidentes que lo antecedieron y actores políticos de su desagrado, por “el fracaso de Venezuela”. Airado arremetía contra el período democrático transcurrido entre 1958 y 1998 en el que, por cierto, él conformó su carrera militar. Aludía ese periodo con despotismo e iracundia como “la cuarta” para dar al traste con manifiestas democracias buscando glorificar “el éxito” de la nueva era que él bautizaría para su manejo político como: “la quinta”. Sin embargo hoy es ostensible el aumento de la miseria social inocultable en todo el país.
¿Para qué quitar cinco ceros?
 Pdvsa achicada e ineficaz; caída de las reservas internacionales; empresas de Guayana paralizadas; actividades ganaderas y agrícolas a mínima capacidad productiva; mengua de laboratorios e industrias farmacéuticas impedidas de abastecer medicamentos simples; hospitales públicos, también privados, sin equipos ni logística para diagnosticar dolencias primarias; resurgimiento de epidemias en todo el país; caos del transporte público; multiplicación indetenible del hampa, del hambre y de brutal hiperinflación; éxodo masivo de profesionales, estudiantes, técnicos y obreros; naufragio del buque Conferry, etc. ¿Se despejará esa sombría realidad que afecta a toda la patria quitando cinco ceros al cono monetario?
¿Entonces quién lo hará?
Las entidades estatales, rebautizadas como revolucionarias, no son sólidos bloques de poder que se insertan en la sociedad para resolver conflictos. No. Son burocracias disparatarias que se fragmentan a ojos vistas de toda la nación. Así la brecha entre la ley y la realidad social se hace cada vez más profunda. Cuanto más se atan los centros de poder a las arcaicas reglas de control marxista, en esa correlación se incrementan los conflictos. De nada vale la profusa propaganda oficial, inicua, si no está conectada con la economía productiva tal como ocurre en países avanzados. Quitar cinco ceros traerá más desconcierto para el vecino que no logra asimilar la hiperinflación que lo arruina.
La sociedad venezolana tiene demasiados conflictos acarreados por este marxismo acicalado de democracia. ¿De qué sirve entonces agregar más controles a los existentes como la estrafalaria y ofensiva figura del “Carnet de la Patria”, quitar cinco ceros, o lo que se le ocurra a “algún insurgente perdido” mientras el sistema productivo del país está en el suelo?
Fuente: El Universal

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