Después de Charlottesville, neonazis estadounidenses se encuentran desorganizados

Un año después de la marcha de supremacistas blancos en el sur de Estados Unidos y la reacción ambivalente del presidente Donald Trump al atropello mortal de una contramanifestante, la llamada «derecha alternativa» estadounidense está desorganizada, dividida por luchas internas y con dificultades financieras.

Las divisiones se hicieron evidentes el domingo, cuando en un mitin en Washington, organizado por el mismo hombre que estuvo detrás del evento «Unite the Right» (Unir a la derecha) el año pasado en la ciudad de Charlottesville, Virginia, se convirtió en un fiasco.

El organizador de la manifestación, Jason Kessler, había estimado que alrededor de 400 personas asistirían, pero solo aparecieron un par de decenas, protegidos por numerosos oficiales de policía y acallados por miles de contramanifestantes.

Con la prohibición de portar rifles y otras armas, como algunos habían hecho en Charlottesville, los extremistas parecieron vulnerables y, a veces, aterrorizados.

El mitin del domingo marcó un punto de inflexión para el movimiento, que hace menos de dos años celebró la elección de Trump con gritos de «Hail Trump» y saludos nazis, considerando su triunfo como el momento adecuado para que sus opiniones calen en la sociedad estadounidense.

Inmediatamente después de la manifestación en Charlottesville, que culminó con la muerte de una mujer después de que un simpatizante neonazi atropellara a una multitud de contramanifestantes, la extrema derecha se mostró exultante por la respuesta del mandatario estadounidense, que inicialmente evitó condenar a los supremacistas blancos.

Trump «se negó siquiera a mencionar nada que tuviera que ver con nosotros», escribió Andrew Anglin, el fundador del sitio neonazi Daily Stormer, en ese momento. «Cuando los periodistas le gritaban sobre el nacionalismo blanco, él simplemente salió de la habitación».

David Duke, un exlíder del KKK y declarado racista y antisemita, elogió la «honestidad y coraje» de Trump.

«Sin plataformas»

Pero en los meses siguientes, el movimiento neonazi fue golpeado donde más duele: la billetera.

Silicon Valley respondió negándose a albergar a sitios extremistas y cerrando cuentas de PayPal asociadas con la recaudación de fondos para estos grupos.

El sitio Daily Stormer ahora solicita donaciones a través de criptomonedas como el bitcoin.

Heidi Beirich, una experta del centro legal Southern Poverty (SPLC) que ha estado rastreando grupos de odio desde 1999, dijo que los extremistas blancos también se están recuperando de un proceso llamado «deplatforming», por el que pierden acceso a las plataformas de redes sociales.

Además, señaló que varias personas que marcharon en Charlottesville han sido demandadas legalmente.

«Vergüenza en línea»

Para los expertos, otra razón de la pobre concurrencia del domingo fue que los posibles participantes temieron que se revelara su identidad.

Después de Charlottesville, varios manifestantes perdieron sus trabajos luego de que sabuesos en línea publicaran sus fotografías y los identificaran.

Un grupo pequeño de supremacistas blancos, neo-Nazis y miembros de la “alt-right” se encuentran con la policía de Virginia, el año pasado en Charlottesville  

«Si apareces en este evento y eres identificado, tu vida estará arruinada», escribió Anglin, quien también apuntó a otra división en la «derecha alternativa»: su estética.

Muchos participantes de Charlottesville, al darse cuenta de que las botas y las cruces esvásticas no conquistarían a un público más amplio, se pusieron elegantes camisetas polo y pantalones de gabardina.

Pero algunos en la extrema derecha vieron esto como someterse a lo políticamente correcto.

Anglin insiste en que el movimiento neonazi debería tratar de ser «moderno, cool, sexy y divertido».

«Mil millones de veces mejor»

A pesar de estas divisiones, el movimiento neonazi aún tiene impacto.

En la liberal Portland, en el estado de Oregon, dos grupos de extrema derecha, los Patriot Prayer y los Proud Boys, marcharon en apoyo del fundador del primero, Joey Gibson, quien se postula como republicano para el Senado estadounidense en el vecino estado de Washington, en el noroeste.

Varios candidatos abiertamente racistas buscan un cargo en las elecciones de noviembre al Congreso, incluyendo Arthur Jones, un nazi declarado que se presenta en Illinois por el Partido Republicano, o Paul Nehlen, líder emergente de la «derecha alternativa» que lidera la carrera de los republicanos en Wisconsin.

Beirich, del SPLC, señaló que la «alt-right» («derecha alternativa») todavía se siente envalentonada con Trump en la Casa Blanca, y está encantada con la retórica y políticas antiinmigrantes del presidente estadounidense.

«Simplemente pensaron que era mil millones de veces mejor que cualquier cosa que hubieran visto en sus vidas», dijo.

 

Fuente: AFP

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