CRITERIOS

Venezuela: un país de retos y desafíos

 

Ángel Perozo

@anperozo

criteriosanper@gmail.com / anperozo2@gmail.com

Desafío significa, literalmente, quitar la fe en algo, o sea retirarle la confiabilidad y enfrentarle y realmente esta acepción resulta válida para ese reto tan enorme que tenemos como Nación, por delante; sin embargo, todos estamos claros en que ya emprendimos ese camino que se inició retirándole la credibilidad a quienes vienen mintiendo de manera descarada con la única finalidad de atornillarse en el poder y terminar de saquear las golpeadas arcas del país. Por supuesto que se le ha retirado la confianza a un régimen que pervirtió el sistema judicial al colocarlo al exclusivo servicio del Ejecutivo, dejando de lado aquel precepto que establece que un orden social será justo cuando garantice la libertad individual.

Otro significado que encontramos de la palabra desafío refiere la labor de superar un obstáculo, ¿Y acaso alguien pone en duda que la Mesa de la Unidad Democrática, apoyada por la ciudadanía demócrata y comprometida, así como por todas esas instituciones que, con pundonor e inteligencia, pusieron su grano de arena para fraguar ese bloque de unidad que superase infinidad de obstáculos, trampas, atentados, tropelías y atropellos de toda índole? La esencia en la cual se sustenta la democracia consiste en el hecho de que los ciudadanos pueden equivocarse, pero que éstos cuentan con el derecho de elegir sus propios destinos y cambiarlos, según consta en nuestra Constitución.

Las bondades de la democracia se evidencian, por un lado, en su aceptación de la experimentación, y por otro, en su capacidad de auto corrección, en tanto que los totalitarismos no experimentan pero imponen, pues no saben corregir; y no teniendo soluciones adecuadas, impiden, a como dé lugar, todo intento de cambio por la vía electoral. Ahora bien, la democracia, más temprano que tarde, debe ganar esa decisiva batalla contra el totalitarismo, que, desde su misma perversa esencia, hace lo imposible por imponérsele.

Una realidad tangible y loable es que en Venezuela se ha asumido muy seriamente el desafío de rescatar la verdadera democracia; sin ninguna duda, la ciudadanía ha expresado en múltiples ocasiones su voluntad de forma soberana y contundente; cada uno de sus votos ha sido un claro y firme llamado a exigir un cambio, un pretexto, o al menos un milagroso amortiguador en esa pendiente peligrosa que a la que de manera irresponsable y absurda nos empujó este régimen;  allí está la gente, dispuesta, decidida, pues en ella ya se evidencia una posición firme ante los desafíos del porvenir. Gente con sed de justicia, con deseos de concordia y bienestar; conscientes de que esta lucha  no es fácil, pero que de aquí en adelante la indiferencia, la pasividad, el asentimiento ni el temeroso derrotismo serán permisibles ni admisibles; exigiendo a los líderes demócratas unidad y direccionalidad, así como firmeza en su accionar, puesto que el derecho de la ciudadanía a escoger la que considere la mejor alternativa es un derecho inviolable.

Como Nación se ha asumido el desafío de no permanecer por más tiempo impasible ante tanta ferocidad y tanta violencia política e institucional como hoy se está produciendo en nuestro país. Un enorme desafío que tenemos por delante es lograr soldar, amalgamar esa terrible fractura de nuestra Nación en dos toletes, esa lamentable división, en gran manera auspiciada y alimentada, por el régimen, por el desprecio inducido oficialmente hacia los compatriotas que han ido consolidando una opción política disidente, y hacia los que, empujados en la diáspora, se sienten con el derecho que naturalmente poseen de opinar y anhelar un merecido cambio para Venezuela.

Tenemos por delante un escenario de derrumbe de este régimen, por tanto disparate acumulado y por la ilegitimidad que le sustenta, que aunado a la inconformidad creciente, y a los graves problemas políticos, sociales y económicos, le conduce inexorablemente, a la ingobernabilidad. Otro desafío que se nos presenta,  de no menor  importancia, es el no confundir perseverancia con necedad o irresponsabilidad. Como tampoco con impaciencia o impulsividad. Perseverar es mantenerse constante para lograr lo que se ha comenzado, persistir cuando las circunstancias indican. Hemos tropezado muchas veces con la misma piedra, pero ahora si la tenemos marcada y plenamente identificada. Lo cierto del caso es que los desafíos que tenemos los venezolanos por delante son enormes, tanto como el anhelo y la esperanza de vivir en una República ni de Cuarta ni de Quinta, sino Única y de Primera.

Es cuestión de empezar en lo inmediato a reconstruirla e hilvanar esa Nación que merecemos y que ha de estar regida por ciudadanos demócratas y orgullosos de ser venezolanos.

 

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