Coronavirus: las cifras de Florida pueden no estar representando la realidad de la situación

Mucho se habla de que Florida pudiera ser el nuevo foco de coronavirus para los Estados Unidos, sobre todo ahora que la curva comienza a aplanarse en Nueva York. Estas proyecciones se hacen en base a datos de gente que tiene resultados del test y, sobre todo, aquellos cuyo diagnóstico aún está pendiente (los futuros infectados para los números). La situación es difícil en Florida, y se teme que la complicación sea mucho mayor a lo que los números oficiales dicen.

En un estado de 21 millones y medio de habitantes, hay 19.895 casos confirmados, 461 muertes relacionadas al coronavirus y tan sólo 1.400 personas esperando sus resultados. Si se considera que no hay reportes de problemas severos en los hospitales –aunque en todos lados las máscaras escasean, no hay reportes de faltante absoluto ni de necesidad de más camas en los hospitales o más respiradores- y que según las estadísticas oficiales el índice de mortalidad es mucho más bajo que en otros lugares muy afectados del mundo (ronda el 2% estatal), las cosas no serían graves para el Gobernador Ron de Santis, quizás el más criticado en todo el país por su respuesta a la crisis. Desde su administración se ha empezado a hablar de la idea de curva aplanada y de reapertura del Estado a la brevedad.

Las verdaderas dudas de lo que pasa llegan cuando nos damos cuenta que los números no son del todo reales. Si a los casos confirmados se sumaran unas 1400 personas más infectadas (considerando el peor escenario posible que es que todos den positivo) podemos seguir hablando de la posibilidad de que se aplane la curva, en lugar de que lleguen tiempos de pico. Pero la realidad es que en esa lista solo entran las personas que se han hecho el examen en establecimientos que utilizan los laboratorios estatales. Ningún laboratorio privado reporta sus números al Estado de manera constante sino hasta que haya resultados confirmados y, según datos difundidos este fin de semana, el 90% de las personas que se han hecho el examen durante la última semana (y esperan diagnóstico) lo han hecho con laboratorios privados. Es decir, nada indica que Florida esté lejos de salir de la crisis y pudiendo empezar a pensar en una normalización de la vida porque al día de hoy no sabemos cuánta gente ha tenido dudas de tener el virus.

Si no se tiene una clara noción de en qué punto estamos con respecto a las pruebas (si hay demoras, cuánta gente se las está realizando y fundamentalmente si toda esa gente está o no respetando la cuarentena que en el Estado es sugerida solamente, a excepción de ciudades con regulaciones más severas como Miami), es difícil entender lo que se nos viene.

Florida tiene una política de transparencia en la información. La ley conocida como “sunshine law” obliga a que toda la información de departamentos públicos (desde correos electrónicos hasta contratos) sea pública y accesible. El Gobernador De Santis ha dicho en reiteradas ocasiones que su intención es que con respecto al COVID19 la transparencia sea aún mayor. Pero cuando la información que se entrega es limitada, lo que vemos es sólo una parte de la realidad. Una situación similar se vivió en los últimos días en California donde tras la presión de la prensa, el Gobernador terminó confirmando públicamente que tenían pendientes cerca de 60 mil resultados en el Estado, lo que potencialmente era una situación mucho más alarmante que lo que se pensaba en un principio.

Por el momento, habrá que esperar a ver cómo se desencadena la situación. Una batalla ganada hasta ahora para la administración del Estado tiene que ver con que ya han pasado tres semanas desde las escandalosas imágenes de miles de jóvenes celebrando sus vacaciones de primavera en las playas de Florida. En su momento se criticó mucho a De Santis por no haber cerrado las playas y se consideró que eso podría haber sido un foco que dispararía los contagios. Si bien el riesgo era evidente, en tres semanas ya debería haber explotado un contagio masivo a consecuencia del spring break (el receso que aprovechan los estudiantes para tomar vacaciones), y por el momento no ha sido el caso. Salvo que esos contagiados estén entre los que aún aguardan diagnóstico y que ni siquiera sabemos cuántos son.

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