Aislamiento, depresión, violencia y los jóvenes

La pediatra Nerissa Bauer aún recuerda claramente la primera vez que un paciente respondió “sí” cuando ella le preguntó sobre sentirse bajita de ánimo, deprimida, desesperanzada o pensar en hacerse daño.

Aunque no miraba directamente a Bauer, el adolescente esperaba ansiosamente escuchar lo próximo que ella iba a decir.

“Debemos preguntar, y debemos estar preparados para responder”, dice Bauer, quien forma parte del grupo directivo de la Academia Americana de Pediatría a cargo de crear las guías de evaluación de enfermedades mentales para niños de 12 años o más, que deben ser usadas por los pediatras durante las visitas anuales. “Usted no puede mirar a un adolescente y saber, con solo mirarlo, si está deprimido porque, especialmente los niños, pueden ocultarlo bien”.

De acuerdo con la Academia Americana de Pediatría, uno de cada cinco jóvenes experimenta depresión en algún momento durante la adolescencia, y cerca de la mitad no son diagnosticados ni tratados. Con los niños, hay factores adicionales: los adolescentes tienden a comunicarse menos, completan el suicidio más a menudo y acompañan la depresión con alcohol u otro abuso de substancia.

Aún como pediatras listos para ayudar, para los padres de varones adolescentes, diferenciar entre dolores normales de crecimiento y una depresión más seria puede ser difícil. Sin embargo, hacerlo se vuelve cada vez más importante. El Instituto Nacional de Salud Mental estima que tres millones de adolescentes entre las edades de 12 a 17 han tenido al menos un episodio depresivo importante en el pasado año. También están en aumento comportamientos más peligrosos, como daño autoinfligido.

“Lo que han encontrado es que el cerebro aún se está desarrollando, por lo que vemos altos niveles de impulsividad durante este tiempo”, dice la Dra. Ana Ojeda, psicóloga clínica certificada del Departamento de Psiquiatría de Miami’s Nicklaus Children’s Hospital.

Durante los años de la adolescencia, a menudo los niños se comunican menos y responden las preguntas de los padres con gruñidos, si acaso.

“Cuando se les pregunta lo que están sintiendo, a menudo no pueden decir cuáles son sus emociones porque no tienen el vocabulario y no están sintonizados con la razón por la que sienten ciertas cosas”, explica la Dra. Rachel Rohaidy, psiquiatra de Baptist Health Medical Group en Miami.

Los números ilustran cómo la enfermedad mental puede ser fatal: El suicidio es la tercera causa de muerte entre las personas jóvenes de 10 a 24 años, y el 90 por ciento que muere por suicidio, sufre una enfermedad mental subyacente. Los padres de adolescentes que han muerto por suicidio, a menudo expresan culpa por no obtener ayuda con más prontitud, y han dicho que el problema de sus hijos adolescentes con la depresión era peor de lo que habían sospechado.

Bauer, profesora asociada de pediatría de la Escuela de Medicina de la Universidad de Indiana, cree que los padres, maestros, dirigentes, y pediatras, necesitan conocer las señales de peligro para la depresión y estar más involucrados.

Para los pediatras, “preguntar a los pacientes sobre salud psicosocial y hacerlos sentir suficientemente cómodos como para discutir sobre ello, es tan importante como tomar los vitales”, dice Bauer. “Se torna más importante con problemas como el acoso cibernético en aumento y la violencia con armas que sigue afectando repetidamente el mundo de los adolescentes en las escuelas, conciertos, cines e incluso lugares como las iglesias”.

Algunas de las señales de alerta para la depresión y enfermedad mental de los adolescentes son obvias, algunas son sutiles.

Desconexión y retirada. Mientras muchos adolescentes tienen rompimientos amorosos difíciles o fracasan en los exámenes que los llevan a la tristeza, la depresión ocurre por un período extenso de tiempo, usualmente por más de dos semanas.

“La depresión de la adolescencia es diferente que sentirse triste y ansioso, lo que es normal para un adolescente”, dice Ojeda. “Cuando usted está deprimido, estar triste y ansioso dura un largo tiempo e interfiere con el funcionamiento diario”.

Mayor agresión. Es común para la mayoría de los adolescentes pelear con los padres y hermanos, pero el comportamiento agresivo puede indicar un problema mayor. Los adolescentes deprimidos a menudo exhiben irritabilidad, reacciones fuertes a cosas pequeñas y sentimientos de frustración o coraje intensos.

Un amplio estudio canadiense sobre el desarrollo del niño publicado este año, encontró un vínculo entre la alta irritabilidad y los intentos de suicidio en adolescentes. Rohaidy advierte que el comportamiento irritable y agresivo puede mostrarse no solo en persona sino también en las redes sociales. Aconseja a los padres vigilar de cerca las cuentas de sus hijos adolescentes.

“Quizás sus publicaciones se están tornando más serias… mire más allá de lo que publican para significado adicional”.

Aislamiento o cambio en comportamiento. Otra señal de depresión es deseo de estar solo. Si previamente su hijo compartía la cena con la familia o pasaba tiempo con los amigos y ahora no sale de su habitación, eso es algo para tomar en cuenta, dice Rohaidy.

Mientras que los adultos tienden a aislarse cuando están deprimidos, los adolescentes pueden mantener al menos algunas amistades.

El Dr. David Rube, de Joe DiMaggio Children’s Hospital en Hollywood, trata a menudo a adolescentes con depresión severa. Rube, especialista en psiquiatría de niños y adolescentes, relata que un niño adolescente que es tratado por depresión ha estado considerando el suicidio por dos años y medio antes de intentarlo.

“Los varones a menudo no tienen la red social para decir ‘Estoy realmente deprimido’. Las niñas lo dicen a otras niñas todo el tiempo”, dice Rube. “También existe ese estigma de que los niños deben saber cómo manejarlo y el resultado es que hay muchos niños varones con depresión sin identificar”.

Baja en las calificaciones. La depresión puede disminuir la energía de un adolescente y crear dificultad para concentrarse. A nivel escolar, esto puede llevar a pobre asistencia, baja en las calificaciones o frustración con el trabajo escolar.

“No tenga temor de llamar a la escuela y averiguar qué está pasando”, aconseja Rube a los padres. “Un cambio en las calificaciones puede señalar depresión, drogas o algo más”, comenta, “pero es un indicador de que algo pasa”.

Llorar, dormir y problemas de alimentación. Llanto sin explicación, pérdida de apetito y falta de sueño o dormir demasiado son también señales de que un adolescente está preocupado o potencialmente deprimido. Un estudio de University of Texas Health Science Center de 2014 encontró que los adolescentes deprimidos eran cuatro veces más propensos a perder sueño.

Abuso de substancias. El abuso de substancias a menudo acompaña la depresión, particularmente en los varones. Las personas con problemas de salud mental son más propensas a los comportamientos adictivos ya que tanto la adicción como la depresión tiene su origen en el cerebro.

“En general, para los niños, adormecer sus emociones con alcohol o drogas tiende a ser una forma de manejar la emoción intensa”, comenta Rube.

Pensamientos de suicidio. La depresión de los adolescentes a menudo hace que los problemas parezcan abrumadores y el dolor emocional asociado se sienta insoportable. La mayoría de los adolescentes que se sienten suicidas, usualmente van a decirle a alguien antes de terminar con su vida o atentar contra ella. Con esto en mente, alguien con pensamientos o sentimientos de hacerse daño o sentirse desesperanzado debe ser tomado en serio, dice Ojeda.

Bauer recomienda que cuando los padres reconocen señales de peligro, hagan un esfuerzo adicional para mantener las líneas de comunicación abiertas, incluso cuando su hijo adolescente trate de esquivarse. Y, en vez de decirle a un adolescente qué hacer, escúchelo atentamente para llegar al fondo de los asuntos causando los problemas.

Para obtener ayuda, Bauer aconseja a los padres que lleven al adolescente al pediatra, a un profesional de salud mental o la sala de emergencia si la violencia o el daño autoinfligido es una preocupación.

Los expertos del sur de Florida dicen que un padre que no está seguro si su hijo adolescente está deprimido o solo es un adolescente temperamental, debe considerar por cuánto tiempo están ocurriendo los síntomas, cuán severos son y cuán diferente se está comportando el adolescente desde su “ser anterior”.

Las hormonas y el estrés pueden explicar la angustia o ansiedad de algunos adolescentes, pero no la tristeza o irritabilidad implacable a largo plazo. A menudo, la depresión es tratada con una combinación de terapia y medicación.

“El tratamiento funciona si se tiene adherencia al mismo”, dice Rube. “Desafortunadamente, aún existe un estigma que mantiene a las personas alejadas de buscar tratamiento para salud mental”.

Depresión en la adolescencia y la violencia

Algunos adolescentes deprimidos, por lo general varones víctimas de acoso, quieren hacer daño a otros en lugar de a sí mismos. Aunque es importante saber que no todo adolescente deprimido va a ser un asesino escolar, se necesita ser muy cuidadoso cuando hay una preocupación con la violencia, afirman los profesionales de salud mental.

En la mayoría de los casos, la violencia es precedida por señales de aviso. Un reciente estudio del FBI, que analiza el comportamiento previo al ataque de 63 asesinos en masa que mataron a múltiples personas entre 2000 y 2013, todos varones y blancos, encontró que más de la mitad habían comunicado a alguien en línea o en persona, su intención de hacer daño. Y más del 75 por ciento pasó una semana o más planificando el ataque.

No está clara la correlación exacta entre la depresión y la violencia. Un análisis del New York Times sobre asesinos en masa encontró que una cuarta parte de ellos mostró señales de depresión y psicopatía, y en muchos casos, nunca buscó ayuda profesional. Y aunque los tiradores son a menudo paranoicos, resentidos o narcisistas, no siempre es al extremo de haberse identificado que tengan un trastorno mental.

A menudo, un asesino en masa cree que ha sido agraviado. Los investigadores han encontrado que siempre hay una queja personal,

una historia de pérdida o un trauma que va a llevar a una persona a un camino al asesinato en masa. 

“No sabemos por qué los tiradores adolescentes de masas llegan a este punto, pero lo que sí sabemos es que hay señales de aviso”, dice Ojeda. “Tienen algún nivel de sociopatía, tratos antisociales, además de estar deprimidos”.

Mientras tanto, profesionales del derecho y de la medicina siguen buscando entender mejor la salud mental y la violencia entre los varones jóvenes blancos, pero dicen que es fundamental que los padres que sospechan que su hijo adolescente tiene problemas, tengan un plan de seguridad que incluya remover las armas.

“Las señales de aviso no son uniformes”, dice Ojeda. “Ellos pueden predecir riesgo, pero no la probabilidad de si estos adolescentes actuarán realmente”.

 

Fuente: El Nuevo Herald

Deja una respuesta

*